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(Fotografía: ProtoplasmaKid / Wikimedia Commons / CC-BY-SA 4.0)

Por: Rhina García

De manera instintiva, quienes estaban cerca de los derrumbes, corrieron a quitar, a veces con las manos desnudas, los escombros para buscar a gente atrapada. Se formaron cadenas humanas: jóvenes y adultos, solos o en grupo, con palas, cubetas, guantes o su simple tesón de buscar y rescatar sobrevivientes.

“Vivimos escenas muy enternecedoras, de gente que quería ayudar, que deseaba hacer algo por los más afectados”, asegura a BBC Mundo Joel Reveles, un estudiante universitario que se unió a las brigadas de rescate.

 

En medio de los derrumbes la gente también cantaba y le echaba porras a México, se están viviendo momentos de mucha unión”, asegura González.

Las operaciones de rescate no pararon durante toda la noche. “Sirenas, trascabos, megáfonos. La ciudad no duerme. ¿Cómo podría?”, posteó en Facebook Viétnika Batres.

Muchos abrieron sus casas a quienes necesitaban un techo para pasar la noche o solo descansar por algunas horas. “Nuestro pequeño hogar no sufrió daño y cuenta con todos los servicios básicos que requieran”, ofrecía Guillermo Rivera.

Las redes sociales han sido instrumentales para coordinar la ayuda espontánea. Ahí se dice en dónde y qué se necesita. También por esos medios se ayuda a gente a encontrar a sus familiares. Circulan fotografías de niños que están perdidos de su familia.

Cada quien ayuda a la medida de sus posibilidades “Todos quieren poner su granito de arena. Los que son fuertes y jóvenes traen picos y palas, otros dan comida y agua“, explica a BBC Mundo el voluntario Alejandro Sarmiento.

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